Archivos en la Categoría: Biodiversidad

Un visitante inesperado

Por Héctor

Hace algunas semanas me enteré de que en el pueblo de Cabo Rojo fue avistada una Avoceta Americana (Recurvirostra americana).  Aunque desapercibida para la mayoría de las personas, en el mundo de los observadores de aves o bird-watchers esta noticia ha sido de suma importancia.  Y es que no se trata de cualquier visitante, ésta es una ocasión única. Ayer tuve la oportunidad –junto a Alberto López y Vanessa Ortíz— de de ir hasta el del Refugio de vida silvestre de Cabo Rojo, por el sector de Combate, para observar esta magnífica ave.

Avoceta Americana -- Foto por Alberto López ©

Según me contaron, esta especie ha sido observada en Puerto Rico menos de 5 veces en los últimos 30 años. Este tipo de avistamiento se conoce como “accidental”, ya que nuestra isla está fuera de la ruta migratoria regular de esta ave. Es por eso que es tan especial su visita.

Habiendo viajado por más de dos horas para ver y fotografiar la Avoceta y cumplido esa meta, aprovechamos el viaje y dimos una vuelta por la Laguna Cartagena. Allí observamos varias especies como el Pato Dominico, Pato Zarcel, Sora, Gallareta, Gallareta Azul, Ibis Lustroso, Reinita Pica Tierra, Reinita Palmera, entre otras.

Ibis Lustroso (Plegadis falcinellus) -- Foto por Alberto López ©

Las Salinas de Cabo Rojo y la Laguna Cartagena ofrecen lugares únicos en Puerto Rico para observar aves. Estos espectaculares ecosistemas no sólo albergan muchísimas especies a través del año, sino que se convierten en un refugio invernal año tras año para decenas de especies migratorias, algunas tan extraordinarias e inesperadas como la Avoceta.

El Gasoducto del Norte

Por Héctor

Puerto Rico es una isla con un extraordinario valor ecológico y abundante riqueza de recursos naturales. Las especies de plantas y animales que habitan nuestros ecosistemas son parte de esa riqueza. El gasoducto del norte, también llamado Vía Verde, representa un claro atentado contra la biodiversidad de Puerto Rico, que recibirá un duro golpe si se aprueba el proyecto.  Su construcción representa la destrucción, degradación y fragmentación de un sinnúmero de ecosistemas que albergan cientos de especies de árboles, aves, anfibios, reptiles, peces, mamíferos e invertebrados. Entre los ecosistemas a ser impactados se encuentran bosques, humedales, ríos y playas. Estas riquezas naturales llevan a cabo funciones vitales para la salud y bienestar de los seres humanos, además de proveer espacios para recreación y esparcimiento.

Mi posición con relación a este proyecto es que sería nefasto para el país hacia el futuro.  Su construcción representará la pérdida irreversible de nuestros recursos naturales y será un peligro para la vida y seguridad de miles de puertorriqueños y puertorriqueñas, todo esto por un supuesto ahorro en la factura que no es seguro del todo. Para mí, el proyecto no se justifica y debe ser repudiado a toda costa.

Aquí incluyo la ponencia que ofrecí en las vistas públicas el día 16 de octubre de 2010 en Barceloneta, sobre los impactos del gasoducto del norte en la flora y fauna.

El Karso: agua y vida

Por Héctor

Cueva en el Tanamá. Foto: Alberto López.

Cueva en el Tanamá. Foto: Alberto López.

Por el valor que representa la zona kársica para los y las habitantes de Puerto Rico y la urgencia de protegerla, la Legislatura aprobó en el 1999 la Ley para la Protección y Conservación de la Fisiografía Cársica.  Entre otras cosas, esta ley reconoció la importancia del Karso para el abastecimiento de nuestros acuíferos y la producción natural de agua fresca en la Isla. También lo identificó como un ecosistema rico en biodiversidad y como último resguardo de muchas especies únicas que habitan nuestros bosques. La ley fue más que una declaración. Además de resaltar su valor, proveyó mecanismos específicos para lograr la conservación y el aprovechamiento sostenible de la zona. Es evidente que los legisladores reconocieron en ese momento la importancia de la zona kársica para la vida y bienestar de los y las puertorriqueños y puertorriqueñas.  Hoy, ante la amenaza de enmendar esa ley, el reclamo para la conservación del Karso ha aflorado como requisito para asegurar nuestro futuro.  Sin embargo, la historia atestigua que el futuro no se forja solo.

Foto por Alberto López ©

Para lograr sus objetivos, la ley ordenó al Departamento de Recursos Naturales (DRNA) que desarrollara un estudio que identificara áreas a ser protegidas. Específicamente, la ley mandó al DRNA a que identificara áreas que bajo ningún concepto pudieran ser utilizadas para la extracción de materiales de la corteza terrestre con propósitos comerciales, ni para explotaciones comerciales.  La ley no pretendía evitar toda práctica comercial en el área, sino que se le confiriera mayor protección a la misma y se evitaran actividades con el potencial de degradarla irreversiblemente. Tan es así que la propia ley proveyó para que el DRNA ofreciera alternativas, de forma que esa mismas actividades pudieran desarrollarse en otras áreas de la zona.  También identificó formas de explotación que debían ser custodiadas con mayor rigor por parte del Estado, esto para evitar su deterioro a largo plazo.  La Ley del Karso, en fin, nunca pretendió detener el desarrollo comercial de la zona, y mucho menos negarle a los habitantes de la región la oportunidad de tener una vida próspera, sino todo lo contrario.

El 30 de septiembre de 2008, es decir, 9 años después de aprobada la ley que lo ordenó, se terminó el estudio.  Hacerlo no tardó 9 años, y el lapso que aconteció entre ambos eventos seguramente obedeció a razones que no nos son ajenas: a alguien no le convenía.  ¿A quién afectaría negativamente el estudio del Karso?  Con toda certeza se trataba de alguien que deseaba explotar la zona sin límite alguno.  ¿Dueños de canteras? Posiblemente.  Con toda seguridad querían derivar del Karso todo beneficio posible para sí.  ¿Y el resto del pueblo?  Para ellos y ellas, para nosotros y nosotras, nada.  Nada.  Así las cosas, se estancó el proceso.  Pero aun con oposición, contra viento y marea e interviniendo los tribunales por solicitud de grupos comunitarios y ambientales, específicamente Ciudadanos del Karso,  el estudio se realizó.  Ya tenemos el estudio del karso, una garantía de sustentabilidad.

Áreas del Karso con prioridad de conservación (Estudio del Karso, 2008)

Sin embargo, la historia no parece terminar. Así como a alguien no le convenía su realización, a alguien no le conviene ahora su implementación.  La Legislatura de Puerto Rico tiene ante su consideración un proyecto de ley que enmendaría la Ley del Karso, cuyos principales propulsores son los representantes Eric Correa y Waldemar Quiles.  Entre otras cosas, las enmiendas propuestas atrasarían la implementación del estudio y le darían discreción al Secretario del DRNA para verificarlo y enmendarlo a su antojo. Pero, ¿por qué poner más obstáculos para proteger esta zona de tan extraordinario valor? ¿Cómo es posible que casi 10 años de esfuerzos de diversos sectores se dejen al arbitrio de un funcionario del Gobierno? ¿A quién no le conviene el estudio del Karso?  No sabemos con certeza.  Lo que sí sabemos, aquello que es indudable, innegable, indiscutible, son los beneficios que el Karso provee, beneficios que son generales, beneficios para todos y todas los puertorriqueños y puertorriqueñas, los y las de hoy, los y las de mañana y hacia el futuro.

Repasaré, arriesgándome a repetirme, lo que el Karso nos da: de los acuíferos que se recargan de este sistema se extraen millones de galones de agua diariamente para diversos usos; éste provee la principal fuente de agua para gran parte de la industria farmacéutica de la zona norte y muchas vaquerías del país; es importantísimo para nuestra biodiversidad: contiene el mayor número de especies de árboles por unidad de área en Puerto Rico, alberga una de las mayores y diversas poblaciones de aves en la isla, es el hogar de un sinnúmero de especies en peligro de extinción, muchas de las cuales no existen en ninguna otra parte del mundo, y en sus cuevas viven las poblaciones más abundantes de murciélagos de la isla; contiene el sistema más largo y complejo de cuevas y paisajes subterráneos de Puerto Rico, entre los que se destaca el Río Encantado; y sus bosques húmedos poseen uno de los paisajes más espectaculares del Caribe, entre muchas otras cosas. ¿No vale la pena proteger todo esto? ¿No merecemos, como puertorriqueños y puertorriqueñas, el beneficio y disfrute de las riquezas que el Karso provee? ¿Por qué relegar su protección al arbitrio de unos pocos, como si nuestra supervivencia estuviera desligada de éste?  ¿Por qué desprotegerlo para beneficiar a dos o tres?

Dejar sin efecto el estudio del Karso imposibilitaría su conservación a largo plazo y lo sujetaría, como tantas otras cosas en este país, a la politiquería y al chantaje.  Me gusta pensar que merecemos más, que habrá Karso para el futuro.  Pero, otra vez, el futuro no se forja solo.  Allá en sus mogotes, cantarán sus aves, y el murmullo del agua hará eco en sus colinas, ajenos al atentado que se orquesta en el Capitolio.  A poca distancia, sobre la caliza desnuda, en las canteras retumbará el ladrido de las máquinas. ¿Cómo evitar su destrucción? ¿Cómo ayudar a conservarlo? ¿Cómo asegurárselo a ésta y las póximas generaciones? Tenemos en nuestras manos el futuro del Karso, la preservación de la vida que cobija y la protección de sus aguas. Es nuestra responsabilidad como país. Afrontémosla.

Para más información de cómo puedes ayudar a proteger el Karso visita la página de Ciudadanos del Karso y únete a su grupo de Facebook aquí.

El Roble Plateado

Por Héctor

En Puerto Rico existen varios robles. Algunos, como el Roble de Sierra (Tabebuia rigida) y el Roble Cimmarrón (Tabebuia haemantha), son especies endémicas. El Roble Blanco (Tabebuia heterophylla), es nativo también de las Antillas. Además de éstas, que llegaron de forma natural a la isla, también hay  robles que fueron introducidos por el ser humano con propósitos ornamentales. Éstos se encuentran asociados a nuestros jardines, urbanizaciones y áreas urbanas. Algunos de estos robles introducidos son el Roble Amarillo (Handroanthus chrysotrichus), el Roble Venezolano (Tabebuia rosea) y el Roble Plateado (Tabebuia aurea). Varios de los arboles florecidos en esta época tienen flores amarillas, como Roble Plateado, el Roble Amarillo y el Saúco Amarillo (Tecoma stans). A continuación, incluyo algunas fotos del Roble Plateado que tomé en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Las acompaño con información que obtuve en la página: Árboles y palmas del Recinto Universitario de Mayagüez y anotaciones propias.

El Roble Plateado (T. aurea) es un árbol de tamaño mediano nativo de Suramérica.

Sus hojas son verdes, están compuestas de 5 a 7 hojuelas y tienen apariencia grisácea o plateada, de ahí su nombre común. El tronco de este árbol es áspero y de color crema con hendiduras oscuras. En ocasiones se ve casi completamente negro.

El Roble Plateado, como tantas otras plantas ornamentales, es un componente nuevo de la biodiversidad de Puerto Rico que fue introducido por el ser humano en tiempos recientes. Lo que provocó su introducción fue una noción estética particular, una idea de cómo deben lucir nuestros jardines y áreas urbanas. Su efecto en los ecosistemas locales y su interacción con otras especies no fue considerado entonces, y con toda seguridad no está siendo considerado en el presente. Su presencia, en mi opinión, es motivo de reflexión de nuestra enorme capacidad de transformar el mundo natural. Hace 100 años era quizá imposible que llegara a la isla sin nuestra ayuda. Ese poder de modificar el ambiente en que vivimos, si se ejercita de forma caprichosa, puede acarrear consecuencias nefastas. No hay forma de saber si la próxima vez tendremos tanta suerte.

Flores de primavera

Por Héctor

Hace ya casi un año hablé por aquí de cómo la llegada de la primavera se marca por el florecimiento de los robles y la coloración del paisaje de tonos rosados y amarillos. Este año no fue la excepción. Los robles blancos, amarillos y venezolanos florecieron en los pasados días, y las calles se forraron de color. Incluyo en este post algunas fotos que tomé caminando por la universidad hace dos semanas. Todas las fotos son del Roble Blanco (Tabebuia heterophylla) en el Recinto de Río Piedras de la UPR. Recuerden que todas las fotos tienen una licencia de Creative Commons de Reconocimiento – No comercial – Compartir igual de Puerto Rico y su uso, modificación y publicación es libre.

Un árbol majestuoso

Por Héctor

La Ceiba (Ceiba pentandra) es un árbol nativo de Puerto Rico que también ocurre en otras regiones tropicales de América, África y Asia. Su gran tamaño, denso follaje, enormes raíces y tronco y ramas espinosas lo distingue de otros árboles que ocurren en nuestros bosques y áreas urbanas. La ramas de la Ceiba se desnudan de hojas antes de florecer y fructificar. Los frutos son verdes y capsulares, y al abrir, exponen sus semillas entre una lana blanca llamada “kapok”.

Esta Ceiba se encuentra en medio del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, justo al lado del Centro de Estudiantes, entre carros, carreteras y edificios.

Sus ramas y tronco espinosos y gran tamaño la distingue de otros árboles presentes en áreas urbanas.

Las raíces de la Ceiba son tan impresionantes como el resto de su estructura.

Este árbol provee un hábitat idóneo para que aves nativas como el Pitirre, el Clérigo y la Tórtola Cardosantera, así como muchas otras, construyan sus nidos libres de depredadores terrestres. Además, las flores de la Ceiba abren de noche, por lo que son una fuente importante de alimento para los murciélagos y las alevillas. Algunas aves introducidas, como el Perico Aliamarillo y el Perico Monje, han sido vistos alimentándose de su fruta. La siguiente foto, tomada por Alberto López (©), muestra un Perico Aliamarillo abriendo una fruta de la Ceiba y extrayendo el “kapok”.

Gran parte de la información incluida en este post fue tomada de la página electrónica: Árboles y palmas del Recinto Universitario de Mayagüez.

Lagartijos de Puerto Rico

Por Héctor

Los lagartijos son los depredadores diurnos más importantes de Puerto Rico. Estos pequeños reptiles se encuentran en toda la isla, desde ecosistemas costeros secos hasta los bosques húmedos de la montaña, inclusive en zonas urbanas. Este grupo se encuentra también en otras islas del Caribe Insular, así como en Centro y Sur América. En Puerto Rico hay once especies de lagartijos, todas endémicas. Dejo por aquí algunas fotos.

Lagartijo Jardinero (Anolis pulchellus)

Lagartijo manchado (Anolis stratulus) [foto de abajo]

Lagartijo Barba Amarilla (Anolis gundlachi) [foto de abajo]

Lagartijo Verde (Anolis evermanni) [foto de abajo]

La Yaboa Común

Por Héctor

Los cuerpos de agua de San Juan — sus lagunas, ríos, humedales, caños y mar — permiten que el encuentro entre lo urbano y la vida silvestre se dé abruptamente. Aquellos que estudiamos, vivimos o trabajamos en el “área metro” tenemos la oportunidad única de disfrutar la riqueza natural que provee el Estuario de la Bahía de San Juan. Mi amiga Mariana Muñiz Lara,  anfitriona del blog Nananinas, se encontró con un majestuoso pájaro gris mientras caminaba ejercitándose por el Paseo Lineal Enrique Martí Coll en el Parque Central de San Juan. Incluyo a continuación algunas fotos que tomó con su celular.

 

La Yaboa Común (Nyctanassa violacea) es un pájaro grande, nativo de Puerto Rico, que habita estuarios, manglares, humedales, lagos, lagunas, ríos y otros cuerpos de agua, así como zonas costeras. Además de nuestra isla, la Yaboa se encuentra en el resto del Caribe Insular y algunas regiones de Norte, Sur y Centroamérica. La foto a continuación fue tomada por Alberto López (©).

De hábitos principalmente nocturnos, la Yaboa se alimenta esperando inmóvil a su presa o moviéndose lentamente en aguas poco profundas. Su dieta consiste principalmente de cangrejos y otros crustáceos, aunque también se alimenta de peces, insectos y vertebrados terrestres pequeños. Durante la noche, esta ave suele aventurarse en urbanizaciones y espacios urbanos en busca de alimento, donde es posible verla caminando sobre la grama o sobrevolando. Aunque casi no vocaliza,  en ocasiones emite un “cuark” particular, generalmente después del atardecer y antes de amanecer.

Aunque a veces pasa desapercibida, la Yaboa Común vive entre la gente aun en áreas densamente pobladas. Es otro vivo ejemplo de que las barreras entre la urbe y la vida silvestre son más borrosas de lo que parecen.

Ya que sabes lo que es una Yaboa Común, contesta nuestra encuesta!

Araña de seda dorada: Nephila clavipes

Por Héctor

Mientras caminaba por los campos de su casa en Utuado, el amigo cuentista Fernando Moreno Orama se topó con un animal que lo paralizó. No fue su veneno, que no le haría daño a nada más grande que una mariposa. Tampoco fue su trampa de seda, aún siendo 4 veces más fuerte que el acero y capaz de alcanzar  2 metros de ancho. Se detuvo ante la impresión salvaje, casi amenazante, de la araña de seda dorada (Nephila clavipes). La siguiente es una foto que le tomó.

Las hembras -como la que se muestra en la foto- son mucho más grandes que los machos. Éstos, en vez de construir sus propias redes, se mantienen en la periferia de la red construida por la hembra y la “parasitan”, alimentándose de las presas pequeñas que caen en ella. El macho es tan pequeño que durante la reproducción tiene que acercarse a la hembra con cautela para que ésta no se lo coma.

Esta araña se encuentra distribuida a través de las Américas, incluyendo el Caribe, y se ha documentado que es una especie especialmente común en Puerto Rico (Vargas, 1997). En nuestros campos y pastizales se alimenta de insectos voladores como saltamontas, polillas, mariposas y moscas.

Por su fortaleza y propiedades biocompatibles, la seda producida por N. clavipes es objeto de investigación para ser utilizada en procesos tan diversos como cirugía óptica, restauración de tendones y ligamentos, neurocirugía, producción tejidos deportivos y velámenes de barcos, robótica y producción de artículos de defensa (chalecos antibalas).

Esta especie, por su aportación a la ciencia y la tecnología, representa un perfecto ejemplo de los servicios que provee -o puede proveer- un solo elemento de nuestra biodiversidad. Si tomáramos cada organismo, cada ecosistema, y reflexionáramos sobre su aportación a la vida humana, nos daríamos cuenta de que el beneficio potencial que representa la biodiversidad global para el ser humano es incalculable. Rebasa, sin duda, lo que podemos y estaríamos dispuestos a pagar. Va más allá de nuestra imaginación.

Aprovecho este espacio para saludar a todos los argentinos y argentinas que han visitado este post y comentado. Me han hecho reflexionar que a pesar de la distancia que nos separa, son muchos los lazos que nos unen. Entre estos elementos comunes se encuentran elementos particulares de nuestra biodiversidad, como la Araña de Seda Dorada. Dejo por aquí este link a algunas fotos tomadas por Sergio, de Argentina.

Más información sobre la araña de seda dorada aquí.

Año Internacional de la Biodiversidad

Por Héctor

El año 2010 ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Biodiversidad. La biodiversidad -la flora, fauna y otros organismos que nos rodean- representa servicios irreemplazables para el ser humano. Los sistemas vivos y no vivos que nos proveen agua, alimento, materia prima, combustible y medicinas dependen, de alguna u otra forma, de la biodiversidad. Ésta representa, además, la existencia de espacios para relajación, reflexión y entrar en contacto con un mundo al cual pertenecemos. Como seres humanos, somos parte de la biodiverdidad del Planeta. Existe, sin embargo, una diferencia entre nosotros y otros organismos que genera también una gran responsabilidad. Tenemos la capacidad de proteger, así como la de destruir, la diversidad biológica que nos rodea. Es mediante la educación que la balanza se inclinará a la conservación. Durante este nuevo año continuaremos reconociendo el la gran importancia que para nosotros representa la biodiversidad mundial, y más imediatamente la de Puerto Rico, con la esperanza de que otros se contagien con el reconocimiento de su valor intrínseco.

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