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El insecto del cual dependemos

31/08/2013

Les comparto un hermoso y muy informativo artículo sobre las abejas y el rol tan fundamental que juegan en nuestras vidas que publicó El Nuevo Día en su versión electrónica el 20 de agosto de 2013. Gracias a nuestro colaborador, Alberto López, por las fotos (tomadas en Ithaca en estos días) que acompañan esta entrada. ¡Que la disfruten!

Por Juan Martínez (endi.com)
Foto por Alberto López.

Foto por Alberto López (©).

Huele a miel. Alexander Guadalupe, vestido con pantalón largo, botas, camisa abotonada en las muñecas y un sombrero con malla que le cubre el rostro, camina en dirección al aroma. En un espacio de terreno detrás de su residencia en Trujillo Alto están colocadas en filas horizontales las cajas blancas en cuyo interior se encuentran las colmenas.

Entre 35,000 a 75,000 abejas habitan en cada una. Algunas, revolotean en el aire. Vigilan su territorio dispuestas a dar su vida para protegerlo, porque una vez pican a alguien para evitar su entrada, dejan clavado en la piel su aguijón, y mueren.

Otras, están posadas en un costado de la caja, tan pegadas entre sí que forman una pequeña cortina. ¿Qué hacen? Están limpiando. Porque si existe un insecto hacendoso, es la abeja. No permite que ningún cuerpo extraño ni partícula indeseable ande por ahí, cerca de su hogar. Si otro insecto o una de ellas por casualidad muere en este entorno, unas cuantas se juntan, agarran con sus patitas el cadáver y lo depositan en algún sitio fuera de su radio de movimiento habitual, que es de unas 2 a 3 millas de distancia.

Además del atuendo que usa y no siempre puede protegerlo de las picadas de abejas, Guadalupe, uno de los pocos apicultores que hay en Puerto Rico, se ha equipado con un ahumador y un cepillo que carga en una caja de madera. Utiliza el ahumador para lanzar humo sobre la caja y así avisarles a las abejas que está aquí. Con un movimiento rápido pero cuidadoso, destapa el recipiente. Al descubierto queda el pequeño y complejo mundo de estos insectos que son fundamentales para la supervivencia humana.

Insectos vitales

Las abejas siempre han hecho el mismo trabajo, pero no es hasta hace unos cuantos años que su labor ha sido destacada con el honor que merece. Gracias a ellas disfrutamos de chinas, limones, papayas y fresas. Si no existieran, los cafeteros podrían olvidarse de tomar su tacita de la bebida en la mañana y los chocolateros de derretir en su boca un pedacito de este dulce. Ni hablar de la miel que producen las abejas y de todos los artículos -maquillaje, jabones, lociones, jarabes medicinales y más- que se confeccionan con este ingrediente.

En fin, la lista de placeres- y necesidades- a los cuales tendríamos que renunciar si ellas desaparecieran es demasiado larga. Resumamos con un dato: uno de cada tres bocados de la comida que ingerimos depende de las abejas.

La razón por la cual revistas y periódicos alrededor del mundo están dedicándole atención a las abejas (es tema de portada en la revista Time de este mes) es que están desapareciendo a una velocidad alarmante. Se estima que el 40% de la población mundial de estos insectos se ha extinguido y el fenómeno ha sido nombrado “Desorden del colapso de las colonias” (Colony Collapse Disorder). Entre las razones que se investigan están el uso de fertilizantes tóxicos, la desorientación que les provocan las antenas para teléfonos celulares, los estragos del virus varroa, que se alimenta de su sangre o de hongos que dificultan su capacidad de alimentarse.

Las consecuencias que tendría la continuación de esta tendencia ha motivado esfuerzos de concienciación entre los que se encuentran el documental Vanishing of the Bees (www.vanishingbees.com), campañas de alerta organizadas por productos que utilizan la miel como tales como el mantecado Haagen Dazs (www.haagendazs.com) y entidades sin fines de lucro (www.pollinator.org).

Guadalupe, fundador de la empresa artesanal Abejas Guadalupe, es una de las personas que trabaja para conservar estos insectos en Puerto Rico y también de educar respecto a su importancia. Cuenta que desde pequeño le llamaban la atención y por eso, cada vez que podía, se entretenía observándolas. Pero no fue hasta que se hizo adulto que tuvo la oportunidad de aprender el arte de la apicultura. Su maestro fue un señor de setenta y pico de años que aprendió sobre el manejo de estos insectos de su padre.

El hombre le sugirió leer el libro El ABC y XYZ de la apicultura, una guía sobre esta actividad que se practica hace al menos 7,000 años pero que, por supuesto, con los años se ha modernizado.

Foto por Alberto López (©).

Foto por Alberto López (©).

Cómo se hace una colmena

Previo a la invención de la colmena moderna en el 1852, la forma de recoger miel era más o menos la misma que utiliza Winnie-the-Pooh: directamente del panal.

Hoy, la colmena inventada por Lorenzo Langstroth, un apicultor estadounidense, es el modelo que se utiliza para criar abejas y facilitar la extracción de miel. A diferencia de las primeras, que eran construidas en madera, las cajas modernas para guardar las colmenas son fabricadas en PVC, un material más resistente a los embates del clima y menos vulnerable al ataque de plagas.

Ahora bien, ¿cómo llega la colmena a la caja? El apicultor debe recoger un panal silvestre, con todo y su reina. Es un proceso que requiere mucho cuidado y debe realizarse en la noche. Más de una vez, Guadalupe se ha visto a él mismo o a otros compañeros forrado de abejas debido a algún accidente ocurrido durante esta etapa del proceso. En una ocasión, pensó incluso que moriría, pues quedó con cientos de aguijones en su cuerpo y la inflamación intermitente que le provocó el veneno en su cuerpo se extendió por unos seis meses.

El panal, por supuesto, tiene una forma irregular. Así es que el apicultor, explica Guadalupe, tiene que cortarlo utilizando un cuchillo muy afilado. En cada panel de madera, coloca un pedazo de panal y lo amarra con hilo para evitar que se desprenda.

Tal como hacen con los cadáveres, las abejas cortan y sacan de los paneles los hilos que utilizó el apicultor para amarrar los pedazos de panal y lo sustituyen por una sustancia pegajosa elaborada por ellas, el propóleo. Esta especie de resina contiene nueve antibióticos naturales y se le conoce por sus propiedades antiinflamatorias y cicatrizantes, entre muchas otras de uso medicinal.

El apicultor tiene que vigilar bien el ángulo y la dirección al pegar el panal, pues debe tener una inclinación de un grado para que la miel no se derrame. Finalizada esta labor, sella bien la caja y se la lleva para ubicarla en el lugar deseado.

“Una vez colocas la caja en un sitio, no la puedes cambiar”, afirma Guadalupe, al explicar que el sentido de dirección de las abejas es muy delicado.

Una vez colocadas en este espacio, las abejas continúan con su trabajo. Se dividen las labores como una gran familia. A lo largo de sus aproximadamente 45 días de vida, cada abeja realiza labores diferentes: limpieza, recolección de polen, cuidado de la reina o las larvas, consevación de la miel, entre muchas otras.

La colmena que utilizan los apicultores, se divide en dos partes. En una mitad está la abeja reina y el resto de las abejas y las crías. En la otra, solamente se recolecta la miel. Así, cuando el apicultor recoge los paneles el alimento está prácticamente limpio y, además, protegido por una capa de cera que las propias abejas elaboran.

El trabajo del apicultor

Asegurar que la reina esté viva y saludable es una de las tareas del apicultor, pues de los cerca de 2,000 huevos que ella pone al día, depende el ciclo de la colmena. Idealmente, las colmenas deben revisarse varias veces a la semana. Así puede detectarse cualquier problema, incluyendo alguna plaga, que pueda afectarlas.

La miel solamente se colecta durante la primavera y, quizás, en noviembre. De cada colmena puede recogerse entre 4 o 5 galones. Para hacerlo, el apicultor abre las cajas en el momento indicado, saca los paneles y los coloca en un aparato llamado extractor de miel. Es un recipiente con divisiones que funciona con fuerza centrífuga para desprender la sustancia de las paredes y hacerla caer en un cilindro a través del cual cae en el recipiente.

Una vez guardada, la miel no necesita preservativos ni refrigeración para conservarse. Es un alimento que jamás se daña, un endulzador natural y la base de muchísimos alimentos y artículos que consumimos a diario.

Otros productos creados o colectados por las abejas, tales como el propoleo, el polen y la jalea real, también sirven para el consumo humano. Ahora, ¿imaginas un mundo sin abejas?

Foto por Alberto López

Foto por Alberto López (tomada en Ithaca, NY) (©).

Lo que no sabías

•Una larva tarda 21 días en convertirse en abeja.

•La abeja reina solo sale de la colmena una vez en su vida. Cada día pone alrededor de 2,000 larvas en la colmena. No tiene lengua, por lo tanto, depende de otras abejas para alimentarse y su cerebro es proporcionalmente mucho más pequeño que el de sus pares. Esto se debe a que su sistema reproductor es el que está más desarrollado.

•Una abeja reina dura aproximadamente 5 años, mientras sus pares tienen una expectativa de vida que ronda en los 45 días, aunque puede durar menos dependiendo de otros factores tales como la cantidad de viajes que haga. Lo que determina la diferencia tan radical entre la vida de ambas es la alimentación. La abeja reina se alimenta únicamente de jalea real. El resto, consume miel.

•La abeja muere inmediatamente después de picar, pues al hacerlo, se desprende su aguijón junto a su sistema digestivo.

•Están clasificadas como insectos sociales, debido a su organización y su comportamiento. Están dispuestas a morir para defender a su colmena.

•El radio de vuelo de una abeja es de 5 kilómetros.

•Cada colmena se distingue por su olor particular. Por eso, ninguna abeja se atreve a inmiscuirse en una colmena ajena.

•La miel nunca se daña.

Los roles de las abejas

Nodrizas- cuidan las larvas y las ninfas

Damas de honor- cuidan a la reina

Evaporadoras -baten sus alas para refrescar la colmena y evaporan el agua excesiva que pueda contener la miel

Arquitectas, albañiles, cereras y escultoras- se encargan, de construir el panal o de agrandarlo

Recolectoras -recogen el néctar que se destinará a la producción de miel, el polen que será destinado a alimentar a las larvas y ninfas, el propóleo para consolidar el edificio, y el agua y la sal necesarias para la juventud de la colmena

Químicas -con su dardo, impregnan con ácido fórmico la miel, conservándola más tiempo

Selladoras – cierran los alvéolos ya maduros

Barrenderas – limpian el panal de suciedad (sobretodo de la de los zánganos)

Necróforas -sacan los cadáveres de los intrusos muertos

Amazonas – velan día y noche por la seguridad del umbral de la colmena, interrogan y reconocen, espantan vagabundos, rondadores y saqueadores, expulsan a los intrusos, atacan en masa si es necesario, y atrincheran la entrada.

Del panal

Otros productos de las abejas

Polen – Partículas que las abejas recogen de las plantas para confeccionar su miel. Contiene agua, aminoácidos, proteínas, lípidos, carbohidratos, minerales, vitaminas, enzimas y otros micronutrientes.

Jalea real – Es el alimento que reciben las larvas durante los primeros tres días de vida y lo único que consume la abeja reina durante toda su vida. Este alimento determina la diferencia entre la expectativa de vid de la reina (5 años) y la del resto de las abejas (30 -45 días).

Propoleo – las abejas obtienen la sustancia de las yemas de los árboles y luego la procesan para que sirva como pegamento para cubrir las paredes de la colmena. Se le reconocen propiedades antibióticas, cicatrizantes y anestésicas, entre otras.

*Estos productos son vendidos por los apicultores para el consumo humano. Aunque existe documentación respecto a sus propiedades y beneficios, estos no han sido aprobados por la Administración Federal de Alimentos (FDA). Su consumo, podría provocar alergias en algunas personas.

¿Quién mató a “Jeremías”?

02/08/2013

La siguiente columna fue publicada en El Nuevo Día el 27 de julio de 2013

Por RAFAEL L. JOGLAR

Jeremías es una Rana Toro (Lithobates catesbeianus, también Rana catesbeiana), como ésta, que vivió en el Bosque Urbano de la UPR. Foto por Dave Huth (licencia creative commons).

Jeremías es una Rana Toro (Lithobates catesbeianus, también Rana catesbeiana), como ésta, que vivió en el Bosque Urbano de la UPR. Foto por Dave Huth (licencia creative commons).

Durante los últimos 30 años, un grupo de estudiantes, profesores y empleados hemos trabajado arduamente en un sueño común: crear un bosque urbano en el corazón de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Le hemos llamado el Bosque Urbano de la UPR. El objetivo principal de este bosque es conservar y fomentar la biodiversidad en el Recinto, así que, entre otras medidas, será sembrado de especies nativas, endémicas y en peligro de extinción de Puerto Rico. También será un lugar para recreación pasiva y disfrute de la Naturaleza, además de ser un recurso educativo, ya que servirá como un laboratorio vivo.

Para hacer realidad este sueño hemos ofrecido charlas educativas en todas las facultades del Recinto y el Senado Académico. Hemos hecho reuniones con rectores, marchas, campamentos de desobediencia civil, simposios y reflexiones ambientales, entre otras actividades. Se evolucionó de la protesta a la propuesta. En todo momento se fomentó la participación más amplia posible en la toma de decisiones sobre los usos que le daríamos a ese “bosque” e inclusive se llegó a escribir un hermoso libro sobre su biodiversidad.

Hasta hace muy poco tiempo, contra viento y marea, habíamos sido exitosos en mantener vivo ese sueño. Y aunque por más de 30 años soplaron vientos a nuestro favor, recientemente han soplado vientos huracanados cargados de ignorancia y destrucción.

Mientras en Puerto Rico se comienza a hablar de la ética de la tierra, de aumentar del 8% al 35 % del territorio dedicado a la conservación, de mitigar los efectos del cambio climático mediante reforestación y de proteger las cuencas hidrográficas, en la UPR irónicamente hemos dado unos pasos gigantes en la dirección contraria. Con el título de “Construcción de acera principal, bancos y alumbrado del proyecto Parque del Centenario” se decide que el área “necesita” un acceso peatonal de 12 pies de ancho en concreto y con iluminación, a pasar por el centro del bosque. Según un comunicado, en las siguientes fases se “edificarán aceras de conexión con la acera principal y veredas”. En palabras sencillas, en la UPR se ha logrado matar el sueño y el bosque a la vez. Aunque en el proyecto original contemplaba algún acceso peatonal, el mismo era mediante paseos tablados y pasando por áreas en la periferia del bosque, nunca por el centro.

El proyecto actual ha comenzado el desastre ambiental y de biodiversidad más grande en la historia moderna de la UPR, ya que, entre otras cosas, fragmenta irreparablemente el bosque y su biodiversidad. Dicho proyecto se aleja demasiado del concepto establecido para el área en los últimos 30 años. Viola todos los acuerdos no negociables establecidos en el 2005. Justifica lo injustificable: destruir la única área verde en la UPR que no ha sido impactada y que tiene la mayor riqueza de biodiversidad de todo el Recinto. Trasgrede numerosas leyes y reglamentos ambientales. Trae problemas ambientales, ecológicos, de seguridad, de mantenimiento y económicos, entre otros.

Como si todo lo anterior fuera poco, el proyecto seguramente causó la muerte de “Jeremías”, una rana toro (Lithobates catesbeianus) que vivía en el bosque antes de este proyecto. Seguramente está muerta como consecuencia de este desastre. Su muerte, real o simbólica, representa la muerte real de miles de otros habitantes de este bosque (coquíes, ranitas, siguanas, lagartijos, gongolíes, caracoles, plantas, entre otras muchas especies).

Aunque se han cometido numerosos errores en esta área, aún podemos sacarla adelante y lograr nuestra meta: crear un bosque urbano en el corazón de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Podemos pasar de la teoría a la práctica en temas de la ética de la tierra y la conservación de biodiversidad. Con la ayuda de personas e instituciones comprometidas con la conservación podemos hacer de éste un proyecto emblemático del cual todos nos sintamos orgullosos. Puerto Rico está observando, no perdamos un minuto.

De pitirres, coquíes y la onomatopeya caribeña

12/06/2013

Por Héctor

¿De dónde sale el nombre del Pitirre?

Pitirre

Pitirre. Foto por Alberto López ©.

El Pitirre (Tyrannus dominicensis) es un ave nativa de Puerto Rico que tiene un nombre onomatopéyico. Esto quiere decir que el nombre que le hemos dado (en Puerto Rico y Cuba, donde también está, además del Caribe Insular y partes de Norte y Suramérica) hace alusión al sonido que produce. Se llama así porque así es que canta. El Pitirre hace “PI-TI-RRE” (escúchalo aquí).  De ahí sale su nombre.

El nombre coquí también es onomatopéyico. Es indudable que el coquí que mejor conocemos, el Coquí Común (Eleutherodactylus coqui), hace “CO-QUÍ” cuando canta (escúchalo aquí). Sin embargo, hay que tener en mente que en Puerto Rico existen 17 especies de coquíes y que, de éstas, sólo 2 hacen “CO-QUÍ”. Así que esas dos especies son las únicas que tienen nombres onomatopéyicos como tal (la otra es el Coquí de la MontañaE. portoricensis). Las demás 15 especies de coquíes hacen sonidos distintos, que van desde silbidos hasta series de diferentes notas en patrones variados.

Coquí Común. Foto por Alberto López.

Coquí Común. Foto por Alberto López ©.

Como es de esperarse, para tener un nombre onomatopéyico, el animal tiene que producir algún sonido. Todos los coquíes podrían tener nombres de este tipo, porque los machos de todas las especies cantan en las noches. Lo mismo ocurre con las aves, ya que también vocalizan. Los lagartijos y otros animales que no “cantan” no pueden tener nombres onomatopéyicos, pues no hay sonido que imitar con palabras.

Otro coquí que también tiene un nombre onomatopéyico es el Coquí Churí (Eleutherodactylus antillensis). Esta especie, que es común en toda la isla, incluyendo urbanizaciones, jardines y áreas urbanas, hace un sonido similar a “CHU-RÍ”, como su nombre (escúchalo aquí). También produce una serie de notas similar a un “QUÍ-QUÍ-QUÍ-QUÍ”.

Coquí Churí

Coquí Churí. Foto por Alberto López ©.

El Querequequé es otra especie que tiene un nombre que hace alusión a su canto. Si durante las tardes nos sentamos a escuchar el cielo en Puerto Rico seguramente escucharemos su inconfundible “QUE-RE-QUE-QUÉ” (escúchalo aquí). Eso sí, sólo vamos a poder escucharlo en el verano, pues es en esta época que nos visita para reproducirse.  El resto del año vive en América del Sur.

Querequequé empoyando sus huevos. Foto por Javier Hernández (©), obtenida de Avespr.org.

Otras dos especies de aves con nombres onomatopéyicos, ambas endémicas, son el Bienteveo (Vireo latimeri) y el Juí (Myiarchus antillarum). Así, una de las variaciones del canto del Bienteveo es “BIEN-TE-VEO” (escúchalo aquí), mientras que el canto principal del Juí es, precisamente, un “JUIIIÍ” alargado (escúchalo aquí).

El fenómeno de la onomatopeya en el nombramiento de nuestra flora sin duda refleja la gran creatividad de nuestra gente. También demuestra su capacidad de observar y escuchar el mundo que nos rodea, un recuerdo más de que hay mucho que ver y oír a nuestro alrededor.

¿Conoces alguna otra especie con un nombre onomatopéyico? ¡Compártela con nosotros!

Festival de las Aves Endémicas de Puerto Rico y el Caribe en el Centro Ambiental Santa Ana (CASA)

25/04/2013
by
Reina Mora

La Reina Mora (Spindalis portoricensis) es una de nuestras 17 aves endémicas. Foto por Alberto López.

La Sociedad de Historia Natural de Puerto Rico, Inc. en colaboración con la Compañía de Parques Nacionales y la Universidad Interamericana de Puerto Rico les invita al duodécimo Festival de las Aves Endémicas del Caribe a celebrarse el domingo 28 de abril del 2013 en las facilidades del Centro Ambiental Santa Ana (CASA) en el Parque Nacional Julio E. Monagas en Bayamón de 8:00 am a 1:00 pm.

El tema del festival de este año es Descubriendo nuestra diversidad alada, y tiene como objetivo fomentar el disfrute, el aprendizaje y la conservación de las especies de aves únicas de Puerto Rico y el Caribe. Esta celebración se une al Festival de Aves Endémicas del Caribe que comienza desde Abril 22 (Día del Planeta Tierra) hasta Mayo 22 (Día de la Biodiversidad) y es auspiciado por la Sociedad para la Conservación y el Estudio de las Aves Caribeñas. Durante este mes,  organizaciones e individuos en el Caribe realizan actividades variadas para concienciar sobre la importancia de las especies endémicas de la región.

San Pedrito (Todus mexicanus). Foto por Alberto López.

San Pedrito (Todus mexicanus). Foto por Alberto López.

Estaremos ofreciendo actividades diversas para adultos y niños celebrando, disfrutando y aprendiendo de nuestras aves endémicas, todas libres de costo. Comenzaremos a las 8:00 am con los Pajareros Madrugadores, un recorrido de observación de aves para los primeros asistentes a este festival (no hace falta conocimiento previo). A las 9:00 am, continuaremos con charlas, juegos ecológicos y talleres para niños. Además, habrá artículos educativos, artesanales y refrigerios disponibles para la venta. Vístete con ropa fresca y cómoda, trae meriendas, agua; y muy importante, tus binoculares para disfrutar de esta grandiosa celebración. El espacio de estacionamiento del parque es limitado, por lo que recomendamos compartir tu vehículo (carpooling), así disminuimos las emisiones vehiculares y aportas cuidando el aire que nuestras aves endémicas respiran.

Este año, culminaremos nuestro festival con una gran sorpresa…no olvides tus instrumentos musicales de parrandas (güiros, maracas, panderos, palitos, etc). Nos divertiremos mucho ese día.

Organizaciones Participantes:

·  Sociedad de Historia Natural de Puerto Rico, Inc.

·  Universidad Interamericana de Puerto Rico

·  Sociedad Ornitológica Puertorriqueña

·  Sociedad para la Conservación y el Estudio de las Aves Caribeñas

·  Departamento de Recursos Naturales y Ambientales

·  Environment for the Americas

·  Bird Life

Para información adicional no dude en contactarnos llamando a nuestras oficinas en el (787) 740 – 4200 o escribiendo a: centroambiental@gmail.com

Tarifa de estacionamiento del Parque Nacional Julio E. Monagas en Bayamón: $3.00 vehículos, $4.00 SUV’s, $5.00 autobuses y $2.00 motoras. La tarifa se paga en la entrada del parque en efectivo.

Festival de Aves Endémicas del Caribe

24/04/2013
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Aves endémicas

Sierra Club presenta: Los murciélagos antillanos

29/01/2013

Sierra Club

El Capítulo de Puerto Rico del Sierra Club organizará este miércoles (MAÑANA) la charla titulada: Los murciélagos antillanos: Importancia de las cuevas, a cargo del Dr. Armando Rodríguez.  La misma se ofrecerá en salón 103 de la Escuela de Arquitectura de la UPR. El registro comienza a las 5:30pm y la charla será de 6:00-8:00pm. La entrada es libre de costo.

En conmemoración a este excelente esfuerzo del Sierra Club de fomentar el conocimiento sobre nuestra biodiversidad, aquí les adelanto alguna información sobre una de nuestras 13 especies de murciélagos: el Murciélago Frutero Común (Artibeus jamaicensis), obtenida del documento Guía para reconocer nuestros murciélagos, por Debbie Boneta y Maribel Rodríguez.

Murciélago Frutero Común. Foto: Alberto López ©

Murciélago Frutero Común. Foto: Alberto López ©

El Murciélago Frutero Común es muy común en Puerto Rico y en el neotrópico en general. Durante el día se encuentra principalmente en cuevas frescas, pero  se le puede encontrar con bastante frecuencia en el follaje o troncos huecos. Este es, en muchos casos, el murciélago que se observa consumiento frutas en árboles como el de María (Calophyllum brasiliense), tanto en zonas rurales como urbanas. Por lo general, no consume las frutas en el lugar donde las encuentra, sino que las carga hasta una cueva u otro árbol. En el proceso de cargar las frutas es probable que pierda alguna de ellas, por lo que a menudo se le acusa de manchar con fruta las paredes de las casas.

Para más información sobre éste y otros murciélagos, ¡recuerda ir la charla del Sierra Club!

Si quieres ver más fotos de los murciélagos de Puerto Rico, visita la galería de fotos de Alberto López aquí.

Los zumbadores de Puerto Rico

14/01/2013

Por Héctor

Zumbador Pechiazul. Foto: Alberto López ©


Los zumbadores, también llamados colibríes o picaflores, son aves americanas –es decir, únicas de las Américas– que se caracterizan por su plumaje iridiscente, pico largo y puntiagudo, aleteo activo y su especial relación con las flores. Estos pertenecen a la familia Trochilidae, que está extensamente representada en el trópico.

Puerto Rico tiene cinco especies residentes de colibríes, más que ninguna otra isla del Caribe. De éstas, dos son endémicas: el Zumbador Verde (Anthracothorax viridis) y el Zumbadorcito de Puerto Rico (Chlorostilbon maugaeus). Las otras tres son el Zumbador Dorado (Anthracothorax dominicus), el Zumbador Pechiazul (Eulampis holosericeus) y el Zumbador Crestado (Orthorhyncus cristatus).

Otros zumbadores que visitan la isla accidentalmente son el Zumbador de Garganta Roja (Archilochus colubris), el Zumbadorcito Menor (Mellisuga minima) y el Zumbador de Garganta Púrpura (Eulampis jugularis).

Zumbador Verde

Zumbador Verde

Zumbador Verde. Foto: Alberto López ©

Este colibrí es un ave pequeña de pico largo y curvo. Es completamente verde iridiscente.

Al igual que otras especies de zumbadores, no se alimenta solamente del néctar de las flores, sino que también come insectos, arañas y otros invertebrados pequeños. Esta ave es endémica de Puerto Rico, donde habita  principalmente en la región montañosa. Sin embargo, también puede encontrarse en la costa y tierras bajas, aunque con menos frecuencia.

Zumbadorcito

Zumbadorcito de Puerto Rico. Foto: Alberto López ©

También llamado Esmeralda de Puerto Rico, el Zumbadorcito es nuestro zumbador endémico más pequeño. Este es color verde iridiscente, tiene el pico corto y recto y  la cola ahorquillada.

El Zumbadorcito se alimenta de néctar,  insectos y arañas. Es común en el centro montañoso de la isla y en los bosques secos del suroeste, pero ha sido documentado en toda la isla con excepción del área noreste. 

Zumbador  Dorado

Zumbador Dorado hembra alimentando a su cría. Foto: Alberto López

Este zumbador es un ave pequeña con la espalda y parte de atrás de la cabeza color verde, el pico largo y curvo y la cola violeta oscuro. Como indica su nombre, cuando la luz le da directamente sus plumas irradian destellos dorados.

El macho y la hembra del Zumbador Dorado muestran patrones de coloración diferentes (esto es un ejemplo de dimorfismo sexual en el plumaje). Los machos tienen la garganta verde y el pecho negro brillante, mientras que las hembras tienen la garganta, el pecho y vientre completamente blancos. 

Este colibrí se alimenta principalmente de néctar, insectos y arañas, y habita nuestras costas y tierras bajas. Además de Puerto Rico, se encuentra también en La Española y las Islas Vírgenes. 

Zumbador Pechiazul

Zumbador Pechiazul

Zumbador Pechiazul. Foto: Alberto López ©

Este picaflor se caracteriza por tener la garganta y el pecho verdes, de donde viene el nombre en inglés de Green-Throated Carib. Tiene además el vientre negro y una banda azul iridiscente en el pecho que no siempre se ve. 

Al igual que las demás especies de colibríes de la isla, el Zumbador Pechiazul se alimenta de néctar e invertebrados pequeños. Esta especie habita en los llanos costeros, principalmente al este de Bayamón y Salinas. También se encuentra en Vieques, Culebra, las Antillas Menores e Islas Vírgenes.

Zumbador Crestado

Zumbador Crestado

Zumbador Crestado (macho). Foto: Carlos A. Rodríguez ©

Este es un ave pequeña con las partes dorsales verdes y el pico recto y corto. El macho tiene las partes frontales oscuras, mientras que la hembra tiene la garganta, el pecho y vientre color blanco. Sólo los machos tienen la cresta a la que alude su nombre. 

La dieta de este colibrí consiste de néctar, arañas e insectos pequeños. Éste habita la costa, y es común desde Fajardo hasta Ceiba. También se encuentra en Vieques, Culebra y las Islas Vírgenes.

Todos los zumbadores residentes de Puerto Rico hacen nidos pequeños con forma de copa, que construyen utilizando fibra vegetal y otros materiales como líquenes, hojas y corteza. En ellos, las hembras ponen e incuban dos huevos.

Zumbador  Dorado hembra anidando. Foto: Alberto López

Zumbador Dorado hembra anidando. Foto: Alberto López

¿Cómo identificarlos?

A continuación, algunas guías para aprender a distinguir e identificar los colibríes de Puerto Rico:

  • ¿Dónde lo viste? Como hemos discutido ya, casi todos los colibríes tienen distribuciones geográficas muy específicas. Generalmente, en el centro de la isla sólo vamos a encontrar dos especies: el Zumbadorcito y el Zumbador Verde, aunque estos también están presentes en otras partes. En la costa y tierras bajas alrededor de la isla el más común es el Zumbador Dorado. El Zumbador Crestado y el Zumbador Pechiazul sólo ocurren hacia el este, Vieques y Culebra.

  • ¿Cuán grande era? Aunque pequeños cuando los comparamos con otras aves, los zumbadores varían en tamaño entre sí. En general, hay tres especies “grandes” (zumbadores Dorado, Verde y Pechiazul) y dos “pequeñas” (Esmeralda y Crestado).

  • ¿Cómo era el pico? La forma y longitud del pico también puede ser útil para identificarlos. Los zumbadores grandes (Dorado, Verde y Pechiazul) tienen picos largos y curvos, mientras que los pequeños (Esmeralda y Crestado) tienen el pico corto y recto.

  • ¿De qué color era? Aunque todos son verdes por la espalda, los tres zumbadores grandes tiene coloración distinta en la parte del frente. El pecho y la garganta del Zumbador Pechiazul son verdes, mientras que en el Zumbador Dorado son de color negro en machos o blanco en hembras. Por otro lado, el Zumbador Verde es completamente verde.

  • Recuerda que las condiciones de luz afectan grandemente el color que reflejan estos pajaritos.

  • ¿Algo más? Sí. La distribución de los zumbadores pequeños no solapa. Es decir, no comparten en una misma zona. La Esmeralda domina en toda la isla menos en el noreste, Culebra y Vieques, donde abunda el Zumbador Crestado.

  • Por último, en el centro de la isla sólo vamos a encontrar una especie grande y otra pequeña. Ya vimos que éstas son el Zumbador Verde (grande) y la Esmeralda (pequeña). Lo mismo ocurre en el noreste, Culebra y Vieques, donde las dos especies que vamos a ver son el Zumbador Pechiazul (grande) y el Zumbador Crestado (pequeña).

  • La ñapa: Si ves un zumbador grande con las partes ventrales blancas, es la hembra del zumbador dorado.

Su coloración brillante, sagaz vuelo y afinidad a las flores hace de los zumbadores aves espectaculares. Sin embargo, aún cuando están presentes en nuestros jardines, parques y bosques, incluso en la ciudad, a veces pasan desapercibidas. Tal vez sea por su tamaño, o quizás por nuestro ajetreo de todos los días.

Te invito a sacar un minuto, pararte frente a una flor y disfrutar de este espectáculo de la naturaleza. Sólo hay que alzar la vista.

Zumbador Crestado

¿Quién soy? Foto: Alberto López ©