Archivos por Etiqueta: fauna

El Pájaro de Agua

Pájaro Bobo Mayor. Foto por: Alberto López (Derechos reservados).

Por Héctor

El Pájaro Bobo Mayor (Coccyzus vieilloti) es un ave endémica de Puerto Rico que habita en mogotes, plantaciones de café, matorrales y áreas de bosque espeso. Aunque se encuentra alrededor de toda la isla, es más común en el Carso Norteño y en los bosques secos del suroeste.

En su libro Las aves de Puerto Rico, el Dr. Virgilio Biaggi describe esta especie como “de color achocolatado grisáceo por encima, grisáceo en el pecho, y café en el abdomen…”. El rabo de esta ave es particularmente vistoso por ser largo y tener bandas blancas y negras alternadas en la parte del frente. Otra característica que la distingue es el anillo rojo que tiene alrededor del ojo.

Esta ave es de hábitos inconspicuos, por lo que es escuchada más que vista. Su canto es verdaderamente impresionante y consiste de un enfático “ke, ke, ke, ke…” que aparenta resonar en todo el bosque.

El Pájaro Bobo Mayor puede posarse inmóvil en el dosel, antes de correr por las ramas de los árboles o volar de uno a otro para atrapar su alimento preferido: los lagartijos. Su nombre en inglés, Puerto Rican Lizard Cuckoo (Cuco Lagartero Puertorriqueño), refleja su preferencia por estos pequeños y abundantes reptiles, aunque también se alimenta de arañas e insectos grandes.

El Pájaro Bobo Menor tiene partes ventrales amarillas.  Foto por: Tom Friedel (Licencia Creative Commons).

Este majestuoso pájaro es la de mayor tamaño de las tres especies de Pájaro Bobo que reside en la isla, las otros dos siendo el común Pájaro Bobo Menor (Coccyzus minor) y el más raro Pájaro Bobo Piquiamarillo (Coccyzus americanus), de las que se distingue por su tamaño, coloración y canto.

Localmente, al Pájaro Bobo Mayor se le conoce como Pájaro de Agua por la creencia de que su canto es augurio de lluvia.

Esta ave es, sin duda, espectacular. Todos y todas deberían tener la oportunidad de verla y escucharla. Un lugar de fácil acceso donde es bastante común es el Bosque Estatal de Cambalache, entre Barceloneta y Arecibo.

Encuentra más información sobre esta ave aquí y aquí.

Del monte a la ciudad

Por Héctor

Estuve de visita esta semana en una de las tantas urbanizaciones que se desbordan en el área metropolitana de San Juan y me topé con un visitante inesperado. Un ave cuyo canto particular –un trino melodioso y metálico– y espectacular coloración –azul cielo metálico en la cabeza, azul ozcuro en el dorso y amarillo brillante en las partes frontales–  eluden el oído y ojo humano aún en los bosques densos donde habita. Desconocido entre casas y edificios, carreteras y automómiles, se movía ágilmente entre las ramas de un muérdago –una planta parasítica– que  hizo su huésped a un Roble Blanco (Tabebuia heterophylla). Allí se alimentó durante unos minutos, salpicando el aire de notas metálicas y mostrando el esplendor de su plumaje ante mi mirada atónita, y siguió su camino. La última vez que tuve la oportunidad de apreciarlo con tanta claridad fue a miles de pies de elevación, en las montañas de Carite, en medio de un bosque denso y húmedo. No había casas allí, ni bullicio. No escuché ese día las bocinas de los carros en el tapón, ni los televisores coreando los programas de media tarde. No había gente.

Jilguero

El Jilguero o Canario del País (Euphonia musica) es un ave pequeña,  común en los bosques densos de Puerto Rico. Ocurre desde las montañas secas del sur hasta los picos húmedos del Yunque y en estos hábitats prefiere las copas de los árboles. Se alimenta principalmente de los frutos del muérdago y contribuye a su dispersión. La foto de arriba fue tomada en Carite por Alberto López (©). La misma es de un Jilguero macho, que tiene una coloración similar, pero más brillante, que la de la hembra.

Este encuentro con una especie tan particular en el corazón de San Juan es para mí una oportunidad de reflexionar sobre la importancia de los espacios verdes y bosques urbanos en medio de la ciudad. Cada árbol, cada ave, cada elemento vivo, no es sino un eslabón en una red compleja de relaciones poco entendidas pero sumamente importantes. Aún en la simplicidad aparente de estos espacios, siendo “bosques artificiales” en cierto sentido, con árboles y arbustos espaciados uniformemente a lo largo de aceras, calles y jardines, los mismos son importantes para la biodiversidad.  Son numerosos los elementos de nuestra flora y fauna que los utilizan como parte de su ciclo de vida. Hay más que edificios, carros y gente en la ciudad. Estos lugares no son sólo nuestros, los compartimos con otros organismos que dependen de ellos para su subsistencia. No hay que viajar muy lejos para disfrutar de la llamada “naturaleza”. Sólo hay que alzar la vista.