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ANDA(n) en buenos pasos

12/10/2011
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El siguiente artículo fue escrito por Laura Candelas de El Nuevo Día.

Son abogados, pero no quieren litigar.

Creen en el Derecho para lograr el cambio social, para visibilizar voces y caras de la gente, para trabajar por la justicia, no por las leyes.

No es que renieguen de lo aprendido en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, es que los integrantes de la Asociación Nacional de Derecho Ambiental (ANDA) apuestan a que educar y apoderar a las comunidades con las que trabajan logrará mejores y más duraderos resultados.

En 2005, el grupo comenzó como una organización estudiantil posiblemente impulsada por el romanticismo de la juventud. Han pasado varios años y siguen con la pasión y el arrojo aunque se han incorporado y, si bien mantienen su sede en el Recinto de Río Piedras de la UPR, ahora funcionan con alguna independencia de la institución.

Es común que, ante su primer acercamiento a las comunidades, la propuesta de los vecinos sea ir a los tribunales a buscar justicia.

Pero parte de su tarea es promover que la gente se eduque sobre su problema, estimule opinión pública a su favor y logre, fuera del tribunal, la justicia deseada.

“El abogado debe ser una herramienta al servicio de la comunidad”, explica Jessabet Vivas Capó, quien considera que hay que cambiar la relación abogado cliente y descentralizar el papel que los primeros juegan en las luchas comunitarias.

Luis Torres Asencio, director ejecutivo del grupo de 19 voluntarios, explica que ANDA enfatiza en la participación de la comunidad en todo el proceso, que no quieren limitar a la protección de los recursos naturales sino ampliarlo para que cubra los derechos humanos de las comunidades que sirven.

La meta a largo plazo es que la gente se involucre en los problemas del País, no solo en los de su entorno, y que participen en la elaboración de la política ambiental a nivel nacional.

Para esto, hacen publicaciones, realizan jornadas ambientales en las que participan expertos sobre temas que estén vigentes en la opinión pública y ofrecen talleres prácticos con la comunidad y representantes del Gobierno.

Con su trabajo durante los últimos seis años, han influido en la comunidad de Villas del Sol, el Corredor Ecológico del Noreste, el acceso a las playas y la aprobación de la ley uniforme de permisos, en la que lograron incluir cambios beneficiosos para las comunidades.

Todos son jóvenes talentosos, fajones, llenos de entusiasmo y energía que muy bien podrían traducir en jugosos sueldos en algún bufete de prestigio que, entre otras cosas, les ayudaría a pagar sus préstamos estudiantiles.

Pero no, como el poeta, echaron su suerte con los pobres de la Tierra y trabajan sin prisa, pero sin pausa ayudando a las comunidades a ayudarse a sí mismas para transformar el País.

“Precisamente, porque este trabajo nos importa tanto, es más difícil que trabajar en un bufete. Estamos trabajando con los hogares, la salud de estas personas, aspectos de sus vidas que nos llevan a un mayor compromiso”, afirma Vivas Capó.

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